La vuelta de una vuelta
Podría empezar este primer post hablando de cosas tontas y poco serias, pero no va a ser el caso. De todas formas intentaré que no me deje la frustración el buen humor de lado, que nunca está de más.
Cuando llegué a Alemania descubrí una de las cosas más importantes de toda mi carrera, tal y como sabía que iba a suceder: conocí al profesor que marcará el futuro de mi vida artística y probablemente mi forma de entender el mundo. Durante mucho tiempo estuve tratando con profesores pedantes o incompetentes y eso me había frustrado, y no sé si fue el estar en otro país o el conocer a una persona distinta. El caso es que este hombre, al que llamaremos P, me enseñó que para ser un artista fantástico no tienes que mirar fuera sino dentro, que no tienes que intentar aspirar a ser el mejor sino a sacar lo mejor de tí. Puede parecer simple pero, aunque mucha gente lo conoce, poca lo aplica después, o al menos que yo lo vea. O quizás es que yo soy gilipollas y me cuesta comprender las cosas el doble (NOTA: al respecto de esta teoría, tres o cuatro profesores de mi vida os dirían que soy un poco retrasada y que mis tests nunca decían lo contrario).
Cuando volví a España me dí cuenta de porqué en todos estos años yo no había sacado de mí nada de mi lado artístico: demasiada crítica, demasiada competitividad y muy poca comprensión. No sé porqué en Alemania nunca conocí un alumno o alumna que criticara al resto, ni el trabajo de nadie ni echara por el suelo las pretensiones artísticas de obras no tradicionales. El caso es que al volver a España sí lo vi y lo oí, y entonces recordé todo aquello que había odiado y razón por la que me había querido ir.
Quizás está todo en mi cerebro y quizás la gente no es así y solo es que yo así lo recibo porque soy una desequilibrada mental, pero el cambio fue bastante bestial. Cuando vas al extranjero, conoces a gente que te dice: “Si a ti te gusta, que digan misa” y ot@s que comentan “claro que puede ser válido” cuando otra gente te dice que no. El relativismo es algo que comprendes (que no aprendes) en un determinado momento, y yo he tenido que irme muy lejos para comprender algo que es bastante simple.
Desde entonces he decidido que lo que para mí sea bueno, lo será, y que me da igual quien diga lo contrario. Que todo es relativo, y más que nada en el arte. Y, sobre todo, que todo es arte, que el arte es la expresión del yo interior, y no es por tanto criticable desde ese punto de vista…Lo demás, prejuicios.
Y desde entonces, hago lo que me da la gana.
Cuando llegué a Alemania descubrí una de las cosas más importantes de toda mi carrera, tal y como sabía que iba a suceder: conocí al profesor que marcará el futuro de mi vida artística y probablemente mi forma de entender el mundo. Durante mucho tiempo estuve tratando con profesores pedantes o incompetentes y eso me había frustrado, y no sé si fue el estar en otro país o el conocer a una persona distinta. El caso es que este hombre, al que llamaremos P, me enseñó que para ser un artista fantástico no tienes que mirar fuera sino dentro, que no tienes que intentar aspirar a ser el mejor sino a sacar lo mejor de tí. Puede parecer simple pero, aunque mucha gente lo conoce, poca lo aplica después, o al menos que yo lo vea. O quizás es que yo soy gilipollas y me cuesta comprender las cosas el doble (NOTA: al respecto de esta teoría, tres o cuatro profesores de mi vida os dirían que soy un poco retrasada y que mis tests nunca decían lo contrario).
Cuando volví a España me dí cuenta de porqué en todos estos años yo no había sacado de mí nada de mi lado artístico: demasiada crítica, demasiada competitividad y muy poca comprensión. No sé porqué en Alemania nunca conocí un alumno o alumna que criticara al resto, ni el trabajo de nadie ni echara por el suelo las pretensiones artísticas de obras no tradicionales. El caso es que al volver a España sí lo vi y lo oí, y entonces recordé todo aquello que había odiado y razón por la que me había querido ir.
Quizás está todo en mi cerebro y quizás la gente no es así y solo es que yo así lo recibo porque soy una desequilibrada mental, pero el cambio fue bastante bestial. Cuando vas al extranjero, conoces a gente que te dice: “Si a ti te gusta, que digan misa” y ot@s que comentan “claro que puede ser válido” cuando otra gente te dice que no. El relativismo es algo que comprendes (que no aprendes) en un determinado momento, y yo he tenido que irme muy lejos para comprender algo que es bastante simple.
Desde entonces he decidido que lo que para mí sea bueno, lo será, y que me da igual quien diga lo contrario. Que todo es relativo, y más que nada en el arte. Y, sobre todo, que todo es arte, que el arte es la expresión del yo interior, y no es por tanto criticable desde ese punto de vista…Lo demás, prejuicios.
Y desde entonces, hago lo que me da la gana.
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